Una raya en el cielo, un rayo de esperanza rayando en la locura. Veo una riada de mantarrayas surcando el suelo de la Tierra en el espejo azul del universo.
Todos los días son buenos y hay unos mejores. Ayer, en el Caribe, comienza el comienzo del final. Dentro de un mes votaremos para defender las libertades forales de Navarra, del País Vasco y la que queremos dar a todas las comunidades autónomas de la península, a toda Europa y a todo el mundo: la libertad foral, clave del desarrollo humano, del crecimiento humano y del florecimiento humano…
Ya no escribo con los dedos, aquellos anélidos cerebrales —cada anillo un corazón—, sino que voy dictando con la voz del lobo solitario en esta jungla de bits y bytes que se llena de la energía de los vientos de los molinos, que llega por cables de cobre a mi hogar, a mi casa, a esa que defenderé como decía el poeta vasco: la casa de mi padre, de mi madre, de mis hijos, del futuro.
Sí al futuro, siempre. Verdad, camino, vida. Un poco de fe no está mal. Ciencia, educación, educación, educación. Es la única forma, el único recurso natural infinito: la educación, la mente, el conocimiento.
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